Las ciudades no sólo son edificios, están vivas gracias a las personas que viven en ellas. Esta sencilla premisa se vuelve compleja cuando el valor histórico o artístico de sus edificios es alto, y peligroso cuando su infraestructura urbana no existe en nuevos desarrollos. Barrios amenazados a morir en el olvido de pronto se ven amenazados a morir de éxito.

En la Ciudad de México existen barrios tradicionales que atestiguan su devenir en el transcurso de los siglos, con un destacado valor patrimonial arquitectónico y una dinámica social que se transforma adecuándose a los requerimientos del constante desarrollo de la metrópoli. Uno de sus barrios más distintivos es la colonia Roma, señalada recientemente en los medios como uno de los 5 barrios de moda a nivel mundial debido a la preferencia de los viajeros para hospedarse en ella al visitar nuestro país.

Plazas, camellones y banquetas delimitados por casonas y edificios, nos narran la historia de la Roma y nos muestran las cicatrices propias de la vida de este barrio que este año cumple 113 años.

 

Foto: Airbnb

Hasta hace poco tiempo, la Roma parecía vivir al margen del desarrollo que estaban viviendo colonias vecinas y, de pronto, no por casualidad, empezaron a llegar nuevos negocios y nuevos desarrollos inmobiliarios; inversión que hacía tiempo no se veía en el barrio. Casonas subutilizadas ahora resplandecen y por las noches sus calles y plazoletas se vuelven bulliciosas.

 

 

En la Roma tradicional, como en otras zonas emergentes de la ciudad, la inversión necesaria para la consolidación del barrio también puede destruirlo si únicamente es especulativa. La consolidación de un barrio se da cuando lo que se quita se sustituye por algo mejor. El problema es quién decide qué se queda, qué se va, qué es mejor y cómo se adecúa el entorno urbano a la dinámica social, económica y cultural que le da vida.

 

La consolidación del barrio va a depender directamente de la construcción, no de edificios sino de ciudadanía, reflejada en la cultura barrial. Vecinos críticos, informados y organizados, comprometidos con el rescate y la promoción de un desarrollo enfocado en las personas. Desde allí se puede gestionar la inversión y la conservación del patrimonio arquitectónico y urbano.

Las ciudades son las grandes generadoras de conocimiento y ello se debe a la cercanía entre las personas que permite el intercambio de ideas. En los cafés y otros puntos de encuentro como los que caracterizan a un barrio tan vital y dinámico como la Roma, se han planeado revoluciones e importantes momentos de la historia cultural de México. En ellos también se han discutido corrientes filosóficas, modelos económicos y grandes proyectos artísticos; se han escrito novelas y se han planteado nuevas formas de entender y vivir la ciudad.

 

La mejor manera de vivir la ciudad y conservarla viva es a través de sus barrios; por grande que sea, los barrios le regresan su escala humana, la vuelven caminable, entrañable y a fin de cuentas viable. A más de un siglo de existencia, la colonia Roma vive una época significativa de crecimiento, con los retos y las oportunidades de consolidarse como uno de los barrios más importantes de nuestro país.
 
 
Texto: Arq. David Conn
Fotos: Airbnb y 180º SHOP

 

 

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