1/8 Takamura, artesanía y experimentación

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1/8 Takamura, artesanía y experimentación

Entrevistamos a Guillermo Vargas, fundador y director creativo de ⅛ Takamura, una mezcla de vanguardia y procesos artesanales, que se perfila como una de las líneas creativas más distintivas en la moda mexicana. Nos contó sobre sus inicios en la industria, la experimentación con indumentarias del mundo y cómo se inspira en el espíritu desobediente de los diseñadores japoneses/parisinos. Eso y más a continuación:

180º: ¿Cómo surgió ⅛ Takamura?

Guillermo Vargas: Yo tengo desde muy chavito la carrera de Diseño de Modas, hice la carrera técnica, trabajé un poquito, hice la licenciatura y después empecé a trabajar otra vez. Entonces llevo 20 años o más en la industria. Trabajé haciendo disfraces, vestidos de novia, suéteres en diferentes etapas de mi vida. Hice unas prácticas profesionales de 3 meses en Nueva York, también en París, con Isabel Marant.

Hace unos años estaba trabajando y quería hacer mi marca, pero no me había titulado, así que fui a la Casa de Francia (Instituto de Estudios Superiores de Moda Casa de Francia), donde estudié la licenciatura. La directora me dijo “oye, si quieres titularte está padrísimo, pero ¿cuál es tu sueño?” Le comenté que quería crear mi propia marca, entonces ella me ofreció dar clases, un trabajo que termina a las 3 de la tarde. Y a mí me pareció perfecto, porque toda la tarde la dedicaría a mi marca. Pero estuve ahí 6 años, y descubrí que dar clases es un trabajo demasiado fuerte y demandante como para llegar a casa y todavía hacer trabajo creativo. Posteriormente  se organizó en la escuela un bazar de nuevas marcas y productos realizados por los alumnos, a donde yo entré, apoyando el proyecto de los alumnos, pensando en sacarme la espinita de empezar mi propio proyecto. De ahí salió ⅛ Takamura, junto con otra marca que se llamaba Fusca, y poco a poco se fueron uniendo todos lo puntos para que se formara el proyecto, como decía Steve Jobs. Entonces uní mi experiencia con marcas como Fábrica Social, el trabajo con artesanos, se unieron contactos que me fuí haciendo en el fashion, como fotógrafos, productores de moda. Y también mis propios alumnos, ya después me fueron buscando para ver si quería vender sus proyectos, o los proyectos donde trabajaban, como Cynthia Castillo, que también fue diseñadora en 180º SHOP. Y así surgió ⅛ Takamura, ya llevamos 4 años, ó 2 desde que me dedico a ello al 100%.

180º: ¿Quiénes conforman la marca?

GV: Está Luis, un valiente que fue mi primer practicante y trabajó desde el principio, sin ninguna paga. Ahora que ya estamos más formalizados, él es el jefe de producción. Después entró Jessica Arroniz, quien se encarga de la administración y los clientes. Estoy yo, en la dirección y diseño de la marca. Tenemos dos costureras de base, Paty y Margarita. También está Nicolás, quien se ocupa del bordado. Él es un artesano. Viene del mundo de los vestidos de novia, vestidos de noche, que es una técnica muy parecida a la que se usa en el Istmo de Tehuantepec. Entonces retomamos esa técnica, sin copiar directamente el estilo del Istmo, pero al ser una técnica universal de hilo, tela, gancho, aguja, tratamos de crear algo a partir de eso. Tenemos también un grupo de artesanos en Gualupita, con los que hemos trabajado desde el 2012, hace ya cuatro años. Aunque no estaba oficializado todavía el proyecto, empezamos a hacer cuestiones experimentales con ellos. Y hay además gente que nos estampa, los proveedores, un equipo de trabajo muy constante, porque nos vemos cada semana, hablamos cada tercer día. Así que esa es nuestra pequeña industria.

180º: Y hablando de industria, ¿cuáles son las dificultades para posicionarse como marca dentro de la industria de la moda actualmente?

GV: Yo creo que estamos en un momento en el que la gente ya está acostumbrada a arriesgar su dinero al adquirir proyectos nuevos. A la gente le gusta comprar cosas novedosas, le gustan las propuestas nacionales, porque hay una nueva revalorización, y ya estamos más conscientes. Ojalá y no se pierda, yo espero que no, porque cada vez habemos más industrias creativas locales, en ropa, en diseño industrial, hasta en artículos de papelería. Somos un gran grupo de industrias creativas donde la gente se da cuenta que hay mexicanos creativos y hay que consumirlos. Entonces el mercado ya está casi listo. Las dificultades reales son la falta de industria y de hábitos. A lo que me refiero es a que no hay un calendario oficial para industrias pequeñas. Hay calendarios para negocios como el Palacio de Hierro, Liverpool. Pero son estrategias para unos niveles de producción y de inversión muy grandes. Para nosotros, el flujo de dinero no es tan rápido ni tan grande. Entonces el reto más grande es capacitarse como empresario y como agente industrial, porque la parte creativa es la que más nos gusta y no nos pesa capacitarnos ni estar al pendiente de las tendencias. Lo que más nos pesa es lo que estamos entendiendo ahora. Y no es que nos cueste porque no nos guste, sino porque siempre que aprendes es doloroso. Entonces ese es el reto, establecer la estructura interna de la empresa.

180º: ¿Consideras que el diseño mexicano está en un buen momento?

GV: Sí, yo creo que hay ahora más proyectos, como Carmen Rion, como Fábrica Social, Carla Fernández, que son marcas que no han entrado realmente a los canales de distribución masivos, pero se han encontrado boutiques, espacios de venta, que les permiten llevar 10, 15 años. Ahora creo que el siguiente paso es que las otras marcas nuevas, como nosotros, nos hagamos muy rentables, tanto para el trabajador, como el colaborador y el comprador. Pero también para el soñador, porque a veces el soñador sacrifica muchísimo, pero no sabe cuántos años va a sacrificar. Hay gente que ha estado 10 años con el gozo de hacer cosas bonitas, pero está muy dificil volverlo una empresa rentable. Entonces creo que el reto de ahora es generar industrias sólidas, y mercados más estables. Pero en México necesitamos desarrollar todo. Todas las industrias en México son pequeñas. Hay muchos buenos ejemplos de megaindustrias, como la automotriz o la petrolera, pero a nivel de valor agregado, como el diseño, el tamaño es pequeño. No me gusta decir que está empezando, porque hay mucha gente que ha llevado a cabo mucho trabajo durante mucho tiempo. Todos los de mi generación tenemos casi 40 años, entonces no somos gente que apenas haya empezado, ya no somos emergentes, sino que vamos entendiendo sobre la marcha y no quitamos el dedo del renglón. Y ahí vamos a estar. En cualquier tamaño o forma, pero ahí vamos a seguir diseñando. No somos diseñadores porque es la mejor opción, sino porque es lo que más nos gusta.

180º: Hace un rato comentaste algo sobre Comme des Garçons, ¿es una fuerte influencia para ti?

GV: A mí me gusta Comme des Garcons tanto estéticamente, como modelo de negocio. Rei Kawakubo explica su visión empresarial con una frase elemental, “comercializar la creatividad”. Entonces, con esa libertad conceptual, el medio es la ropa. Ella es filósofa de carrera, y después encontró que su medio ideal de aportar algo filosóficamente, era la ropa. Se me hace increíble esa postura. Y fuera de eso, ella no da ninguna explicación de sus colecciones, ni el porqué de lo que hace. Aunque por una parte es muy creativa, también por la otra es muy estricta.


180º: ¿También los tienes en mente durante tu proceso creativo o hay alguna otra influencia que puedas mencionar?

GV: Sí pienso mucho en ellos, porque si ellos se tuvieron tanta confianza, ¿yo por qué no?. Son propuestas muy arriesgadas. Tuve un jefe que me platicó de cuando empezó a trabajar en la industria, en los 80. Él viajaba a París para comprar materiales que traía al negocio de su papá en México. Cuenta que veía la boutique Comme des Garçons en una esquinita de París, y junto con sus compañeros de trabajo y hermanos, iban a ver lo que sacaba la gente loca de Comme des Garçons, a burlarse. Hasta que un día vieron el logo de Comme des Garçons en la Place Vendôme, al lado de Chanel, enfrente del Ritz. Y entonces supieron que lo estaban visualizando muy mal. Pero ellos nunca se echaron para atrás, ni Yamamoto ni Kenzo, toda esa generación de diseñadores japoneses que llegaron a París. No sé si a México le toque eso mismo, o si nosotros seamos una marca que vaya a cambiar algo en la visión sobre la ropa o la funcionalidad, pero por lo menos pienso en que si ellos lo hicieron, ¿nosotros por qué no?. A final de cuentas, tal vez no tengamos que ir a París para oficializar nuestro triunfo, pero ofrecemos a nuestra comunidad una propuesta de indumentaria distinta, con otros valores en cuanto al proceso, las prácticas ideales. Entonces sí está ahí, pero con ese sentido.

180º: ¿Qué es lo que estás buscando cuando diseñas? ¿Cuáles son tus líneas fundamentales?

GV: Básicamente, confort, cero incomodidad, porque a final de cuentas es una indumentaria. Es algo que sirve para un momento, funciona para vivirlo, no para sufrirlo. Esa es mi visión. Mi estética ahí está, pero que a nadie le incomode. Como cliente, si ya lo compraste, espero que lo uses y te olvides de él, pero cuando te acuerdes, que sea porque te gusta cómo te ves, o por su utilidad, o porque la gente reconoce que traes algo distinto. Entonces es el confort, la experimentación, es decir, proponer algo, pero sin forzarla mucho. No me gusta obligar a la gente a salir más allá de lo que quiere usar. Hay diseñadores que son muy propositivos, pero de repente, como consumidor, te cuesta mucho trabajo usarlo. Lo que quiero es que a pesar de ser prendas experimentales, sean agradables para las personas que las usan.

Asimismo, no siempre se nota, pero suelo basarme en indumentaria del mundo. Hay veces que sí es obvio que se trata de un pantalón japonés, o un huipil, pero a final de cuentas, no lo propongo como ropa folclórica, sino como el éxito del ser humano al crear unos pantalones con tres rectángulos, por ejemplo, eso es lo que me interesa.

180º: De otra manera, llamarlo folclor podría banalizar la historia de las prendas, ¿no?

GV: La verdad es que yo no me hago muchas bolas con eso. Su origen es el mundo folclórico, pero muchas veces no lo trabajo con ningún artesano. Sin embargo, cuando trabajas con artesanos, el folclor deja de tener fronteras, de pronto ya no entiendes lo que es folclórico y lo que es artesanal. Son procesos. Unos a mano, increíbles, y otros industriales, que son muy convenientes también.

180º: ¿Qué proyectos relacionados con la moda en México te interesan actualmente?

GV: A mí me gusta mucho lo que hace Fábrica Social, que compartimos un espacio en la Roma. Carla Fernández. Yo veo con buenos ojos a todos, porque creo que todos los proyectos son lágrimas del soñador y de la gente del equipo. Realmente no discrimino mucho a la hora de ver. Ya después si lo compro, no lo compro, es otra cosa. Una marca que me fascina es Unmarked, son zapatos que uso todos lo días. Los chicos se me hacen increíbles, su producto es muy cómodo y estéticamente son de mi estilo. Además tienen un origen, de la tradición del calzado de León. Se me ocurre también Pays. Pero quizá hay algunos que aún son muy jóvenes y que todavía tienen que pasar por todo el purgatorio de la calidad, y el desarrollo de una propuesta personal. Hay veces que se van por tendencias de diseño, y generan marcas a partir de esa tendencia. Pero las tendencias, son tendencias y cambian. Entonces, el reto para los que ya están consolidados, es seguir creando en su estilo particular cosas nuevas, y para los que están empezando, necesitan construir su proceso personal.

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